jueves, 2 de junio de 2011

Batallón de Castigo, Sven Hassel

Hace 50 años Sven Hassel (Diniamarca, 1917) escribió “batallón de castigo” la cuarta novela de un total de catorce que protagonizan “una banda de granujas, asesinos y bandidos” durante la segunda guerra mundial, donde “tuvieron que canjear el cadalso por el frente” y luchar para la Alemania nazi. “Un comandante general había dicho que caían como moscas, pero que eran los mejores soldados del mundo…” “El enemigo les tenía un miedo cerval, de modo que no andaban con contemplaciones cuando los hacían prisioneros. Ellos lo sabían y por ello jamás desertaban”.
Es una novela de aventura. “Sí algún día escribes sobre la guerra de Adolf, Sven, nadie te creerá… serán las memorias de esta asquerosa guerra ¡las cosas que hemos visto! Hemos nadado en el Mediterráneo mientras los barcos se hundían envueltos en llamas, nos hemos refrescado el culo en un témpano de la Bahia de Botnia, hemos burlado a los mosquitos de los pantanos de Pripet, hemos hecho el amor en los iglús de Suomisaldi, hemos transportado cañones desmontados por encima de las montañas… nos hemos emborrachado hasta el punto de que haga falta un mes para serenarnos… nos hemos disfrazado de Ivan y paseado por el frente ruso en un T34; hemos sido picapedreros, paracaidistas, espías, maquinistas, dinamiteros, carceleros, verdugos, ladrones, asesinos, falsificadores, reos de alta traición diez veces al día; nos hemos limpiado el culo con Mein Kampf y con los escritos de Alfred Rosemberg”.
Esas historias son narradas en la novela, con sencillez y vivacidad, compensando escenas vertiginosas con pequeños resúmenes que extienden de manera imperceptible el espacio y el tiempo. Refleja la locura del nazismo y de la guerra, desde el pequeño batallón, con una mirada irónica pero también grotesca y tragicómica en la que los personajes, casi todos delincuentes desopilantes, a pesar de maltratar o violar mujeres y matar a sus propios comandantes, se hacen queribles. Quizás porque a pesar de luchar para Alemania prefieren matar miembros de las SS, a quienes odian visceralmente; o porque justifican sus crímenes, ya sean en la propia defensa o por un acto de justicia; o porque entre toda esa locura se mofan tanto del Fuher como de Stalin.
La novela está compuesta por cuatro Nouvelles de entre cincuenta y cien páginas cada una, enlazadas por pequeños elementos como la presentación de los personajes o una división estructural en once capítulos cortos más formal que real, ya que las nouvelles podrían perfectamente leerse por separado. Antes de empezar cada capítulo, hay una introducción de una carilla, más o menos, con una pequeña escena que refleja la atmósfera o el clima de lo que se viene.
El narrador va girando. Sólo hay narrador fijo en la primera de las historias donde cuenta la misión que les encargan con el deseo y la seguridad de que volverán muertos: tienen que cruzar el frente ruso en tanques rusos disfrazados de soldados rusos. Narra Sven (el nombre de Hassel, que en la segunda guerra estuvo encuadrado en muchísimas misiones especiales) un soldado menor del batallón que va en el tanque y apenas aparece, en tercera persona, aunque con intervenciones en primera, singular o plural, e irónicas acotaciones sobre Alemania o sobre la guerra misma.
Aunque con varias licencias, se mantiene ese narrador en la segunda historia, una terrible batalla de tanques descripta desde adentro de un Panzer IV, llevando al lector al lado suyo. En el resto de las historias (una en la cárcel militar donde van de guardias y dejan escapar presos y asesinar a un comandante, la otra encuentran un burdel lleno de chicas y licores en un pueblo abandonado) el narrador va de ese lugar de testigo, se posa en el hombro de algún personaje en el medio, y luego hacia un omnisciente que hasta sabe lo que una loca piensa y no dice, o lo mismo de un coronel en la otra punta de Alemania; pero siempre volviendo a encarnarse, incluso en la misma hoja, en Sven, ese soldado del batallón de castigo con un rol secundario. Es un narrador libre, que le sirve a Hassel para llegar a donde quiere, sin vueltas.
Según dicen, Sven Hassel, a punto de cumplir 94 años, vive en Barcelona y hace años que no se lo ve ni da entrevistas. En el 2006 Inédita reeditó parte de su obra en España, pero en Argentina no tuvimos ni noticia. Cada vez es más difícil encontrar sus libros en las librerías de viejo, ya que apenas aparecen vuelan. Traducida a diecisiete idiomas su obra fue publicada en más de cincuenta países y vendió apenas 53 millones de ejemplares.

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